Los sindicatos ferroviarios de España mantienen posturas distantes de las autoridades y exigen un plan de choque inmediato para evitar la huelga convocada por trabajadores de Renfe y empresas asociadas del 9 al 11 de febrero. La reunión, realizada este miércoles con el ministro de Transportes, Óscar Puente, no logró avances concretos en temas clave como la plantilla, mantenimiento y fin de las subcontratas, acuerdo que se considera imprescindible para detener las movilizaciones.
Las organizaciones sindicales, entre ellas CGT, UGT, Semaf y CCOO, advirtieron que sin compromisos firmes en materia de creación de empleo, mejora en las condiciones laborales y cambios en las políticas de concesiones, la huelga será inevitable. CGT, la voz más contundente, reclamó una revisión estructural del sistema, incluyendo la contratación de personal propio y la eliminación de la subcontratación que, según denuncian, precariza el sector y compromete la seguridad.
Miguel Montenegro, responsable del sector ferroviario de CGT Andalucía, sostuvo que las graves consecuencias de los accidentes en Adamuz y Gelida evidencian la necesidad urgente de reforzar la seguridad, la plantilla y las infraestructuras públicas. Por su parte, UGT y CCOO también solicitaron aumentos en los protocolos de protección ante fenómenos atmosféricos y más personal en mantenimiento y operación ferroviaria, además de una inversión significativa en la red.
El Sindicato de Maquinistas Ferroviarios (Semaf) destacó que las posiciones de las partes están alejadas, y que el compromiso de fondo implica un cambio en las medidas de seguridad y mantenimiento para garantizar la calidad del servicio. La organización subrayó que la reunión es solo un primer contacto y que la movilización podría avanzar si no hay avances urgentes.
A ello se suma la concentración unitaria celebrada ante el Ministerio de Transportes, donde sindicalistas de diversas organizaciones lamentaron que los incidentes recientes no sean casos aislados, sino resultados de una 'enfermedad crónica' del sistema ferroviario, marcada por la falta de inversión y personal.
La huelga afectará a operadores como Renfe, Iryo y Ouigo, así como a las principales empresas privadas de transporte de mercancías, y a servicios complementarios. La amenaza de paralizar la movilidad ferroviaria en el país está latente, mientras el Gobierno y los sindicatos continúan en negociaciones que, de no traducirse en hechos concretos, podrían prolongar la conflictividad en el sector.