El Servicio Sismológico Nacional (SSN) informó que este 19 de febrero se registró un sismo de magnitud 4.1 en el municipio de Mapastepec, Chiapas. El movimiento telúrico ocurrió a las 4:45 horas, a 149 kilómetros al suroeste de la localidad, con una profundidad de 10.7 kilómetros, según datos preliminares. Las coordenadas exactas del epicentro son 14.261 grados de latitud y -93.553 de longitud. Hasta ahora, las autoridades no reportan daños, aunque llaman a la población a mantenerse informada a través de canales oficiales, ya que la información puede actualizarse en las próximas horas.
El SSN aclaró que los sismos no se pueden predecir y que actualmente no existe tecnología que permita anticiparlos con certeza. México, ubicado en una zona tectónicamente activa, experimenta decenas de sismos diarios, en su mayoría de baja magnitud y que pasan desapercibidos para la población.
Se recomienda seguir medidas de seguridad en caso de movimientos telúricos, de acuerdo con el Centro Nacional de Prevención de Desastres (Cenapred). Antes de un sismo, es importante preparar un plan familiar, realizar simulacros, identificar zonas seguras en hogares, centros de trabajo o escuelas, revisar instalaciones de gas y luz y preparar una mochila de emergencia.
Durante el sismo, la prioridad es mantener la calma, buscar refugio en zonas seguras, alejarse de objetos caíbles o ventanas y, si se conduce, detenerse y alejarse de estructuras altas. Para quienes están en zonas costeras, se recomienda alejarse de playas, ríos y zonas pantanosas y refugiarse en áreas elevadas.
Tras el movimiento, se aconseja verificar daños en el inmueble, evitar usar el teléfono salvo en casos de emergencia, no encender fuego hasta asegurarse de no haber fugas de gas y mantenerse informado, evitando difundir rumores y siguiendo las instrucciones oficiales. Es posible que ocurran réplicas, por lo que es esencial seguir alertas.
Históricamente, México ha sido afectado por sismos de gran magnitud, como los registrados en 1985 y 2017, que provocaron devastación y pérdida de vidas. El terremoto más fuerte registrado en el país fue el de 28 de marzo de 1787, con magnitud 8.6, que generó un tsunami que llegó hasta 6 kilómetros tierra adentro en Oaxaca.
Estudios del Centro de Instrumentación y Registro Sísmico (Cires) apuntan que en la actualidad existe un riesgo de que fenómenos similares puedan repetirse en las costas mexicanas y centroamericanas, debido a la acumulación de energía en la Brecha de Guerrero. Recuerdos de estos eventos muestran la vulnerabilidad de la infraestructura y la importancia de la preparación ciudadana para enfrentar futuros sismos.