Un sismo de magnitud 4.2 ocurrió en Matías Romero, Oaxaca, a las 22:21 horas del 7 de febrero, con epicentro a 47 kilómetros al noreste de la localidad, informó el Servicio Sismológico Nacional (SSN). El movimiento telúrico se registró a una profundidad de 130.3 kilómetros, en las coordenadas 17.265° de latitud y -94.868° de longitud. Hasta el momento, las autoridades no han reportado daños materiales o lesiones derivadas del sismo, pero recomiendan mantenerse informados a través de canales oficiales ante posibles actualizaciones.
El SSN aclaró que la información inicial es preliminar y puede ser actualizada en los próximos días. Además, precisó que los sismos no pueden predecirse, ya que no existe tecnología que permita determinar cuándo ocurrirá un movimiento sísmico.
México, país con una extensa actividad tectónica, experimenta decenas de sismos diarios, la mayoría de baja magnitud y perceptible solo con instrumentos especializados. La intensidad de cada movimiento varía en función de diversos factores como el tipo de suelo, la distancia al epicentro y la absorción de energía sísmica, que se conoce como atenuación sísmica.
El país cuenta con sistemas clave para monitorear estos fenómenos, como el Servicio Sismológico Nacional y la Red Acelerográfica Nacional del INEGI, que miden la magnitud, ubican epicentros y analizan cómo responde el suelo durante estos eventos.
El doctor Jorge Aguirre González, coordinador de Ingeniería Sismológica del Instituto de Ingeniería de la UNAM, destacó la importancia de estudiar la respuesta del terreno, ya que no todos los suelos amplifican de igual manera la sacudida sísmica. Actualmente, existen aproximadamente 20 métodos diferentes para calcular la magnitud de sismos, permitiendo mediciones más precisas y útiles para la protección civil.
Históricamente, México ha vivido temblores de gran magnitud, como el de 1985 y el de 2017, los más recordados por sus devastadoras consecuencias. Sin embargo, el sismo más fuerte registrado en la historia del país fue el ocurrido el 28 de marzo de 1787, en Oaxaca, con magnitud 8.6, que provocó un tsunami que avanzó hasta seis kilómetros tierra adentro.
Un estudio del Centro de Instrumentación y Registro Sísmico (Cires) en 2009 sugirió que futuros terremotos de magnitud similar o mayor podrían afectar las costas mexicanas y centroamericanas, especialmente en la brecha de Guerrero, debido a la acumulación de energía en esa zona.
Los sismos recientes y pasados, como el terremoto del 19 de septiembre de 1985 en Guerrero (magnitud 8.2) y el ocurrido en 2017 en Puebla y Morelos (magnitud 7.1), han dejado una huella profunda en la memoria de los mexicanos, dejando saldo de muchas víctimas y daños estructurales. La recurrencia de estos eventos subraya la necesidad de seguir fortaleciendo las medidas preventivas y de protección civil en el país.