El Servicio Sismológico Nacional (SSN) informó que el 21 de febrero a las 1:33 horas se registró un sismo de magnitud 4.4 en el municipio de Minatitlán, Veracruz. El movimiento ocurrió a 61 kilómetros al sur del municipio y a una profundidad de 167.4 kilómetros, con coordenadas exactas en 17.448° latitud y -94.448° longitud.
Hasta el momento, las autoridades no han reportado daños, aunque recomiendan mantenerse informados mediante canales oficiales ante posibles actualizaciones. La información preliminar del SSN puede modificarse posteriormente, por lo que se continuará monitoreando cualquier variación.
El organismo recalcó que actualmente no existe tecnología capaz de prever sismos y que México, por su ubicación tectónica, registra decenas de temblores diarios, la mayoría de ellos imperceptibles. La intensidad de cada sismo varía según factores como tipo de suelo, distancia al epicentro y dispersión de energía sísmica.
México cuenta con sistemas especializados para el estudio de estos fenómenos, como el Servicio Sismológico Nacional y la Red Acelerográfica del Instituto de Ingeniería de la UNAM, que permiten medir la magnitud, localizar epicentros y registrar cómo se comporta el suelo durante estos eventos.
El Dr. Jorge Aguirre González, de la UNAM, destacó la importancia de analizar el efecto del sitio, es decir, cómo responde el terreno ante un sismo, pues diferentes tipos de suelo amplifican o atenúan las sacudidas de manera distinta. La medición precisa de estos fenómenos facilita acciones de protección civil e ingeniería.
Históricamente, México ha enfrentado sismos de gran magnitud como el de 1985 y 2017. El terremoto más fuerte registrado ocurrió en 1787 en Oaxaca, con una magnitud de 8.6, que generó un tsunami de 6 kilómetros tierra adentro. Estudios indican que futuras plataformas de gran magnitud podrían ocurrir en las costas mexicanas debido a la actividad de la Brecha de Guerrero.
Los terremotos de 1985 y 2017 marcaron profundamente al país. El sismo de 1985, de magnitud 8.2, ocurrió en Guerrero y provocó múltiples daños y víctimas. El de 2017, con una magnitud cercana, dejó 369 fallecidos en Puebla, Morelos y la Ciudad de México, y evidenció la vulnerabilidad ante movimientos sísmicos de gran escala.