Jóvenes en México han generado atención en redes sociales por su participación en actividades que imitan el comportamiento de animales, conocidas como therian. Aunque el fenómeno aún no cuenta con una comunidad consolidada en el país, los videos en plataformas como TikTok y YouTube han viralizado estas conductas, incluyendo jóvenes que caminan en cuatro patas, usan máscaras y accesorios animales, y realizan rutinas similares a lobos, zorros o gatos.
Los therians son personas que se identifican, de manera espiritual, psicológica o simbólica, con animales no humanos. Esta identidad se expresa a través de comportamientos, emociones o elementos simbólicos en su vestimenta, como collares, colas y máscaras. La práctica se ha popularizado gracias a tutoriales y grabaciones que muestran actividades como el 'quadrobics', donde imitan el andar cuadrúpedo del animal con movimientos, saltos y carreras.
Aunque la tendencia no es nueva, la reciente viralización ha incrementado su visibilidad y ha generado tanto identificación como controversia, incluso burlas o dudas en diferentes sectores. Un incidente que captó atención fue el caso de un therian que mordió a una niña en Buenos Aires, lo que disparó debates mediáticos sobre el fenómeno.
El término ‘therian’ proviene de ‘therianthropy’, que combina raíces griegas que significan ‘bestia’ y ‘ser humano’. Aunque las historias de metamorfosis entre humanos y animales aparecen en relatos mitológicos, el concepto moderno surgió en los años noventa, impulsado por comunidades digitales donde personas con una profunda identificación con animales —llamados ‘teriotipos’— compartían experiencias y construían un vocabulario común.
Los animales más comúnmente asociados con estas identidades son lobos, zorros, perros y felinos. A diferencia del movimiento furry, que se caracteriza por el disfrute artístico de personajes animales antropomórficos y el uso de disfraces en convenciones, las personas que se identifican como therians aseguran que su vínculo no es una actuación, sino una vivencia interna que puede manifestarse en rutinas físicas y comportamientos cotidianos.
La viralización del fenómeno ha permitido a muchos jóvenes encontrar espacios para socializar y validar sus experiencias, aunque también ha generado desconcierto y rechazo en algunos sectores del público general. La atención mediática y social continúa creciendo, favoreciendo un debate sobre las distintas formas de identidad y expresión juvenil en la actualidad.