Juan Tonelli, escritor y conferencista, comparte en su testimonio personal cómo su experiencia durante el Holocausto en Budapest y un reciente intento de secuestro en Caracas desenterraron heridas emocionales profundas. A los 75 años, Tonelli relata la angustia de sus vivencias, desde los gritos en Budapest hasta la difícil supervivencia en un contexto de horror y opresión.
Su relato comienza en marzo de 1944, cuando las fuerzas nazis invadieron Budapest, y describe cómo, con solo 15 años, presenció la deportación y ejecución de amigos y familiares, incluyendo escenas impactantes como la vista de dos compañeros de colegio siendo ejecutados por ser circuncidados. A pesar de la brutalidad, logró, mediante una intervención con un oficial húngaro, evitar su propio traslado a Auschwitz y regresar a casa, un acto que aún lo acompaña en su memoria.
Tras sobrevivir, Tonelli enfrentó largos meses sin poder asistir al colegio, en un estado de incertidumbre y peligro constante, reflexionando sobre la diferencia entre hablar de los horrores de la guerra y enfrentarse a ellos en carne propia. La historia de su escape y la mirada de una anciana condenada en Budapest, que aún persisten en su memoria, reflejan el peso emocional del trauma no resuelto.
En la actualidad, con más de 50 años de ejercicio en la medicina, Tonelli detecta paralelismos entre la fragilidad del corazón que opera en sus cirugías y su propia vulnerabilidad emocional. La adrenalina que siente en su trabajo le ofrece un refugio, aunque también revela cómo ha convertido la tensión en un mecanismo de evasión para no sentir el dolor acumulado durante décadas.
Su relato revela que el trauma del pasado no desaparece, sino que se transforma en hábitos, compulsiones o máscaras que ocultan el dolor. La persistencia de la culpa y el azar de su supervivencia lo llevan a cuestionarse si su vida ha sido un intento inconsciente por redimir su historia y si, quizás, esa supervivencia temprana fue más una condena que una bendición.
En conclusión, Tonelli reflexiona sobre la dificultad de enterrar el pasado sin cargar con él, sugiriendo que, en lugar de huir, a veces es necesario afrontar y aceptar las heridas que nos definen. Su historia es un recordatorio de la importancia de no evadir el dolor, sino de integrarlo para poder seguir adelante.